La Feria del Libro




Días antes de su apertura, se realiza un encuentro en el que se concretan ventas de ejemplares y de derechos.



Las ventas de libros en los stands y la cantidad de visitantes son sólo una medida del éxito de la Feria del Libro. La otra está en una suerte de feria menos visible, que sucede a puerta cerrada, que aumenta su convocatoria año tras año y que, de alguna manera, sostiene la maquinaria que luego se pone en marcha frente a los visitantes.

Se trata del encuentro de editores, distribuidores, bibliotecarios, traductores y libreros, todos profesionales argentinos y extranjeros de la industria del libro, que durante tres días se conocen, intercambian datos, escuchan conferencias y, desde hace tres años con más ímpetu, hacen negocios. En ese ámbito, por el que el año pasado circularon 10.000 personas, en buena medida se define el 25% de las exportaciones anuales de la industria editorial local.

Este año, estas Jornadas para Profesionales del Libro se realizarán entre el 19 y el 21 de abril en La Rural, justo antes de que la feria abra al público, en un espacio en el que los participantes acceden tanto a intercambios sobre marketing, consumos culturales o traducción, como a rondas de negocios similares a las de otras industrias.

El modelo -aunque lejos en dimensiones e influencia- es la Feria del Libro de Fráncfort, el mayor encuentro de la industria editorial del mundo, sólo brevemente abierto al público, en cuyos stands hay pocos libros, pero no faltan espacios para que los editores se sienten a conversar con catálogos a la vista y comprar y vender derechos.

Según dicen los expertos, los libros y autores argentinos atraen en el exterior, pero para que el negocio crezca hay que ganar visibilidad por encima de España, mucho más a mano para los editores extranjeros y difundir, por ejemplo, que aquí también se traduce y somos compradores de autores en otros idiomas.

Referente
"Hacemos hincapié en que en este encuentro se hagan negocios, que son de dos tipos. Por un lado, la venta de libros al mercado de lengua española, y por otro, la venta de derechos de autor, desde hace unos dos años", contó a LA NACION Gabriela Adamo, directora ejecutiva de la Fundación El Libro.

"Esto viene de la tradición editorial argentina, porque la industria fue pionera en la exportación. La industria editorial del país es referente, luego de la de España. No en vano, las grandes multinacionales de la edición están en la Argentina", afirmó Alberto Hughetti, presidente de la Comisión de Profesionales de la fundación, que organiza las jornadas.

Según datos de la Fundación Exportar, que colabora en la ronda de negocios para editores, las exportaciones argentinas de productos editoriales alcanzaron en 2009 un total de 73,4 millones de dólares, una disminución del 22,4% con respecto al año anterior. Sin embargo, durante los primeros meses de 2010 se registró un repunte de la actividad del 11,1% con respecto al mismo período de 2009. Las mismas cifras indican que los principales destinos de los productos editoriales argentinos durante 2009 fueron Uruguay (15,1% de las ventas), Venezuela (14,9%) y Chile (14,2%).

Los organizadores de la Feria aseguran que el país tiene una oportunidad para aprovechar en la venta de derechos de autor al exterior. "Los editores vienen desde Brasil a China. Hay interés, sin duda, porque la literatura argentina es competitiva en el exterior, pero hay que salir a pelear ese mercado", dijo Adamo. "Vender derechos desde la Argentina es complicado, porque estamos lejos, y los editores se manejan con lo que ven. España es un cuello de botella para nosotros. Tenemos que eludir a España y vender nuestra singularidad. Tampoco se sabe en el exterior que nosotros traducimos mucho. Todos piensan que España es el mejor comprador, pero no siempre es así", afirmó.

Impulso
La presencia de la Argentina como país invitado de honor el año pasado en la Feria del Libro de Fráncfort tuvo su impacto. "Fráncfort impulsó la venta de derechos, no de ejemplares. Pero la presencia de 200 editores argentinos allí va a tener sus efectos", dijo Adamo.

"Sólo estar allí cambia la mirada. No todas las editoriales pueden viajar, porque es costoso y hay que evaluar si se tienen autores para vender y posibilidad de comprar. Pero estoy segura de que en 2011 van a ir más editores argentinos a Fráncfort que en 2009", analizó María Teresa Carbano, vicepresidenta de la Comisión de Profesionales.

La feria de Buenos Aires quiere instalarse en el calendario de la industria como el lugar donde se marcan las nuevas tendencias en el mercado editorial. Es, de hecho, la que abre el año en lengua española; las otras tres ferias del libro referentes en nuestro idioma son las de Bogotá, Liber (España) y Guadalajara.

"Queremos posicionar que la capacitación profesional de la industria editorial se hace en Buenos Aires, y armar una red internacional de contactos que se reúna aquí", sintetizó Adamo.

LA LEY DEL LIBRO, UNA DEUDA PENDIENTE
La industria editorial local reclama en forma recurrente la sanción de la ley del libro, que fue aprobada a fines de 2009 en la Cámara de Diputados pero que desde entonces aguarda tratamiento en tres comisiones del Senado. Establece, entre otras cosas, la creación del Instituto Nacional del Libro y un fondo de fomento a la industria, pero sobre todo exime del IVA a la producción editorial. "La industria editorial necesita poder desgravar el IVA", dijo Hughetti, y describió el aumento de los costos de producción -que hace que muchas veces los libros se impriman en el exterior- y las dificultades de las librerías para sostenerse como algunas de las urgencias.


Fuente:Raquel San Martín
LA NACION

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